Un ganador del reality show Dancing With The Stars criticó públicamente a una azafata de Delta después de que le pidieran que calmara a su hijo de dos años durante un vuelo de 13 horas de Sydney a Los Ángeles. Witney Carson compartió el incidente en Instagram y afirmó que el miembro de la tripulación “hizo callar” repetidamente a su hijo mientras él “jugaba y reía”. Carson cuestionó si hubo horarios de silencio designados durante el vuelo, argumentando que esperar que los niños pequeños permanecieran en silencio durante tanto tiempo no es realista.
El tema central resalta una tensión creciente entre las expectativas de los pasajeros y las realidades de volar con niños pequeños. Las cabinas premium, como la que ocupaba Carson, a menudo conllevan una expectativa implícita de tranquilidad y comodidad, por la que los pasajeros pagan una prima. Sin embargo, las aerolíneas generalmente permiten la entrada de bebés y niños pequeños en estas secciones, lo que crea un conflicto potencial entre quienes buscan tranquilidad y las familias que viajan con niños pequeños.
La situación no fue aislada. Los expertos sugieren que la intervención de la tripulación ocurre a menudo cuando el nivel de ruido es realmente perturbador y no simplemente risas juguetonas. El incidente ha suscitado un debate sobre el comportamiento aceptable en las cabinas premium, donde los pasajeros esperan un mayor nivel de servicio y comodidad.
Existen soluciones prácticas tanto para pasajeros como para aerolíneas. Para los padres, precargar actividades silenciosas, usar auriculares con cancelación de ruido y ser conscientes de los niveles de volumen pueden mitigar los problemas. Los pasajeros también deben practicar la autoayuda, como utilizar sus propios auriculares para bloquear el ruido. Mientras tanto, las aerolíneas deberían considerar políticas más claras con respecto a las expectativas de ruido en las cabinas premium, mientras que los miembros de la tripulación deben equilibrar la comodidad de los pasajeros con expectativas realistas para las familias que viajan con niños pequeños.
En última instancia, el incidente subraya un desafío común en los viajes aéreos: equilibrar las necesidades de todos los pasajeros y al mismo tiempo reconocer que el transporte aéreo es un transporte masivo, inevitablemente imperfecto. Un grado de gracia y comprensión de ambas partes es esencial para una experiencia más fluida.
