El Movimiento del Cuatro de Mayo representa un momento crucial en la historia moderna de China, una confluencia de protestas estudiantiles, fervor nacionalista y cambios ideológicos que finalmente dieron forma a la trayectoria política de la nación. Nacido de la indignación por la traición de las potencias occidentales en la Conferencia de Paz de París de 1919, evolucionó de un llamado a la democracia liberal a un caldo de cultivo para el Partido Comunista Chino. El legado del movimiento es celebrado por el régimen actual e invocado por sus críticos, un testimonio de su impacto duradero.
Las raíces del descontento: la humillación de China a principios del siglo XX
Para entender el 4 de Mayo, primero hay que comprender el contexto de la China tardía de la dinastía Qing y la China republicana temprana. El siglo XIX había sido un período de incesante interferencia extranjera, marcado por las Guerras del Opio, tratados desiguales y rebeliones internas que debilitaron el imperio. El colapso de la dinastía Qing en 1911 no trajo estabilidad; en cambio, China cayó en el caudillismo y la fragmentación política.
La Primera Guerra Mundial ofreció brevemente esperanza. China contribuyó con más de 150.000 trabajadores al esfuerzo bélico aliado, anticipando una recompensa en la mesa de paz. Esta expectativa se vio brutalmente frustrada cuando el Tratado de Versalles entregó las concesiones alemanas en la provincia de Shandong –una región crucial para China– a Japón. Esta traición encendió una ira generalizada, particularmente entre estudiantes e intelectuales que habían abrazado los ideales occidentales de autodeterminación.
La chispa en Tiananmen: protesta estudiantil y despertar nacionalista
El 4 de mayo de 1919, aproximadamente 3.000 estudiantes marcharon en la Plaza de Tiananmen, denunciando tanto la debilidad del gobierno chino como la arrogancia de las potencias imperialistas. Las protestas no se referían únicamente a Shandong; representaban una desilusión más profunda con el orden político existente. Los líderes del movimiento, muchos de los cuales fueron educados en universidades de estilo occidental, exigieron un cambio fundamental.
Inicialmente, la atención se centró en la democracia liberal occidental. Intelectuales como Hu Shi abogaron por abrazar las ideas occidentales para modernizar China, rechazando lo que consideraban el estancamiento de la tradición confuciana. La retórica inicial del movimiento era ferozmente anticonfuciana y consideraba la filosofía antigua como una barrera para el progreso. Los manifestantes acusaron al gobierno de abandonar a su pueblo en favor de la influencia extranjera.
Del liberalismo al comunismo: un giro radical
El movimiento se radicalizó rápidamente. Las protestas escalaron hasta convertirse en violencia y los activistas atacaron a funcionarios projaponeses. El fracaso del gobierno a la hora de abordar sus quejas llevó a muchos a cuestionar por completo los modelos occidentales. La Revolución Rusa de 1917 ocupó un lugar preponderante en su pensamiento.
Las teorías de Vladimir Lenin sobre el imperialismo resonaron en una nueva generación de intelectuales chinos que se sentían traicionados por Occidente. Figuras como Chen Duxiu, un líder clave del movimiento Nueva Juventud, comenzaron a explorar ideas marxistas y comunistas. El Movimiento del Cuatro de Mayo, inicialmente arraigado en el nacionalismo y el liberalismo, se convirtió en la incubadora ideológica del Partido Comunista Chino.
El legado: una espada de doble filo
El primer secretario general del PCC no fue otro que Chen Duxiu, producto directo del fermento intelectual del 4 de mayo. Incluso Mao Zedong, más tarde la figura dominante del comunismo chino, surgió de este movimiento, criticando el confucianismo y abogando por un cambio revolucionario.
La ironía es cruda: el mismo movimiento que inicialmente buscaba una democracia al estilo occidental sentó las bases para una dictadura comunista. Setenta años después, en 1989, los estudiantes en la Plaza de Tiananmen una vez más invocaron el espíritu del 4 de Mayo, pidiendo reformas políticas. Esta vez, sin embargo, las protestas fueron brutalmente reprimidas por el mismo gobierno comunista que había surgido de las cenizas del movimiento.
Hoy, el Partido Comunista Chino celebra el 4 de mayo como un momento fundamental de su propia historia, mientras los disidentes continúan invocando su legado como un llamado a la rendición de cuentas y al cambio. La perdurable relevancia del movimiento radica en su demostración de cómo la indignación nacionalista puede canalizarse hacia transformaciones ideológicas radicales, con consecuencias duraderas para el futuro de una nación.
