American Airlines está luchando para evitar una demanda colectiva presentada por empleados que afirman que los nuevos uniformes introducidos en 2016 provocaron reacciones cutáneas y problemas de salud generalizados. Después de diez años de litigio, el caso se encuentra ahora ante el Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito, con posibilidad de desestimación definitiva.
Las quejas iniciales
En 2016, American Airlines cambió a uniformes grises fabricados por Twin Hill, luego de problemas anteriores con uniformes similares en Alaska Airlines. En cuestión de meses, los empleados informaron erupciones cutáneas, picazón y otros síntomas dermatológicos. Los registros internos muestran aproximadamente entre 2.000 y 2.500 quejas relacionadas con irritación.
Los demandantes argumentan que American Airlines conocía problemas potenciales con el proceso de fabricación de Twin Hill, citando informes de pruebas de campo anteriores de pilotos que experimentaron reacciones adversas. A pesar de esto, la aerolínea continuó con el lanzamiento.
Pruebas y hallazgos científicos
American Airlines encargó a Intertek que probara los uniformes nuevos y viejos, así como la ropa estándar de venta minorista. Si bien se identificaron algunos irritantes potenciales en todas las prendas, Intertek concluyó que ninguno era exclusivo de los uniformes de Twin Hill y probablemente causaría reacciones generalizadas más allá de aquellos que ya son propensos a las alergias.
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH) también investigó y descubrió que los químicos textiles podrían contribuir a los problemas de la piel, pero no se identificó ningún químico específico como culpable. El gobierno concluyó que era poco probable que los uniformes fueran la causa principal de los síntomas informados.
La impugnación legal y el despido
En abril del año pasado, un tribunal de distrito concedió sentencia sumaria a favor de American Airlines, dictaminando que el testimonio pericial de los demandantes era insuficiente según los estándares legales. El tribunal concluyó que ninguno de los expertos pudo establecer un vínculo causal claro entre los uniformes y los problemas de salud denunciados.
Un experto intentó inferir la causalidad a partir de la correlación entre el despliegue del uniforme y las quejas de los empleados, combinadas con la presencia de irritantes en la ropa. Sin embargo, no pudieron identificar una sustancia química específica o una dosis responsable de las reacciones. Otro experto argumentó que ciertas sustancias químicas encontradas en los uniformes no tenían un propósito de fabricación legítimo, pero admitió que podrían ser componentes comunes del procesamiento textil. El tribunal se negó a aceptar esto como prueba de un defecto.
El núcleo de la disputa
Los demandantes sostienen que las pruebas circunstanciales (el momento del cambio de uniforme y el aumento de las quejas) deberían ser suficientes para que un jurado infiera un defecto y una causalidad, incluso sin identificar la sustancia química específica responsable. La defensa argumenta que se requiere una metodología experta, las pruebas no han respaldado un vínculo causal y ninguna agencia gubernamental ha identificado una causa definitiva.
El tribunal ha sostenido sistemáticamente que el testimonio de los expertos debe cumplir con estrictos estándares científicos según la Regla 702. Esto requiere expertos calificados que utilicen métodos confiables basados en datos, no en especulaciones. El tribunal concluyó que los peritos de los demandantes no alcanzaron este umbral.
Estado actual e implicaciones
American Airlines reemplazó los uniformes problemáticos con nuevos diseños en 2020. El caso ahora depende de si el Séptimo Circuito anulará la decisión del tribunal inferior, permitiendo potencialmente a los demandantes llevar sus reclamos ante un jurado. Los demandantes argumentan que debería aplicarse la res ipsa loquitur (el principio de que la negligencia puede inferirse de la naturaleza de un evento), es decir, que se puede asumir la causalidad incluso sin pruebas científicas específicas.
Este caso resalta la dificultad de probar la causalidad en litigios por daños masivos, particularmente cuando la evidencia científica no es concluyente. También subraya los estrictos estándares que los tribunales aplican al testimonio de expertos, asegurando que los jurados no se dejen influenciar por especulaciones en lugar de hechos verificables.
