El delta del Mekong en Vietnam es un mundo donde las vías fluviales dictan la vida. Sin embargo, sus famosos mercados flotantes (que alguna vez fueron bulliciosos centros de comercio) están desapareciendo, tragados por las carreteras y las economías cambiantes. Una visita reciente a Long Xuyên revela los últimos vestigios de esta tradición, una instantánea conmovedora de una forma de vida que se desvanece en la memoria.
La ley de desaparición
Durante décadas, los mercados flotantes fueron el alma del delta del Mekong. Antes del auge de la infraestructura de la década de 2000, no eran atracciones turísticas sino mercados esenciales donde los locales intercambiaban productos directamente desde los barcos. Ahora, la mayoría son “chết rồi ” (“ya están muertos”), como dicen sin rodeos los lugareños. Cái Bè y Phong Điền son reliquias, mientras que incluso Cái Răng, el mercado más grande que queda, se siente cada vez más preparado para los visitantes.
Esta disminución no se trata sólo del turismo; se trata de infraestructura. Carreteras y puentes ahora conectan islas fluviales anteriormente aisladas, lo que facilita el comercio terrestre. Este cambio ha vaciado los mercados. Aun así, persistieron los rumores sobre un último reducto auténtico en Long Xuyên, lo que atrajo a un viajero a regresar para echar un segundo vistazo.
Long Xuyên: un fantasma de los mercados del pasado
Long Xuyên, a 150 kilómetros al oeste de la ciudad de Ho Chi Minh, se aferra al río Hậu. La ciudad misma se siente… sumergida a veces. La temporada de lluvias convierte las calles en canales y los lugareños navegan en motocicleta a través de las inundaciones. Sin embargo, debajo de este caos sobrevive un mercado frágil.
La escena al amanecer es surrealista: barcos cargados de cocos, piñas y productos cotidianos pasan junto a embarcaciones residenciales donde las familias viven, comen y hacen negocios. Una vendedora, enganchando su barco a otro, entrega una humeante taza de café vietnamita con practicada eficiencia. Es un mercado mayorista, donde los compradores revenden en los pueblos. La actividad es cruda, sin pulir y discretamente desesperada.
La marea inevitable
El destino del mercado flotante es incierto. Los lugareños admiten que se ha reducido en las últimas dos décadas, empujado aún más por la infraestructura. El turismo podría mantenerlo a flote, como en Cái Răng, o acelerar su desaparición. El futuro depende de si los viajeros buscarán estos rincones cada vez más menguantes de autenticidad o dejarán que se desvanezcan en la oscuridad.
Por ahora, Long Xuyên sigue siendo un raro vistazo a un mundo que está desapareciendo. Aquellos que estén dispuestos a aventurarse más allá de los concurridos puntos turísticos de Vietnam encontrarán aquí una belleza tranquila y conmovedora: un recordatorio de que algunas tradiciones no sobreviven al progreso, simplemente… se desvanecen.


























