Mekado Murphy, asistente de edición cinematográfica del The New York Times, lleva una doble vida. Mientras edita películas durante el día, su tiempo libre lo dedica a una pasión inusual: las montañas rusas. Durante más de 15 años, Murphy se ha desempeñado como corresponsal de facto en montañas rusas de The Times, recorriendo al menos 360 montañas rusas en todo el mundo y, sorprendentemente, nunca vomitando.

De la imaginación a la realidad

La obsesión de Murphy comenzó en su infancia en Shawnee, Oklahoma, un pueblo muy alejado de los principales parques temáticos. Incapaz de visitar las atracciones que anhelaba, el niño de 10 años creó la suya propia: “Fun World”, con un fundador ficticio (H.G. Fun) y mapas dibujados a mano de atracciones como la ruleta “Clown Hat” y el canal de troncos “Logger+”. Su temprana creatividad presagiaba una carrera posterior que combinaba la observación con una documentación meticulosa.

La historia del origen: una montaña rusa

El viaje periodístico de Murphy hacia las montañas rusas comenzó en 2010 con un artículo sobre una montaña rusa de madera única construida en la ladera de una montaña en Bristol, Connecticut. Esto desencadenó un compromiso a largo plazo con la búsqueda de emociones, que dio como resultado más de una docena de historias publicadas. Su dedicación se mide no sólo por el número de viajes realizados sino también por el seguimiento detallado en el sitio web Coaster-Count.

¿Qué hace que una montaña rusa sea excelente?

Recientemente, Murphy realizó una prueba de manejo en el nuevo parque temático Epic Universe en Orlando y compartió sus ideas sobre sus criterios para una montaña rusa destacada. Sus primeras experiencias en Six Flags Over Texas, incluida la conquista del “Tren de la mina fugitiva” a pesar de los temores iniciales, resaltan el impacto psicológico de la búsqueda de emociones fuertes. No se trata sólo de velocidad o altura sino de la sensación de superar el miedo para perseguir experiencias intensas.

La posición única de Murphy en The Times demuestra cómo las pasiones personales pueden cruzarse con el periodismo profesional. Él cierra la brecha entre el reportaje riguroso y el disfrute subjetivo, demostrando que incluso los intereses más específicos pueden convertirse en temas convincentes cuando se persiguen con dedicación y claridad.

La parte más importante de una buena montaña rusa es que cumpla sus promesas. Si se supone que debe ser intenso, tiene que serlo. Si es familiar, debería ser accesible. Los mejores te hacen sentir como si estuvieras al borde del control, pero lo suficientemente seguro como para disfrutarlo.