La mitad del siglo XIX en Gran Bretaña fue testigo del surgimiento del cartismo, el primer movimiento político organizado a gran escala liderado por la clase trabajadora. Si bien a menudo se las describe como radicales para su época, sus demandas centrales –sufragio universal, voto secreto y reforma parlamentaria– son ahora características estándar de las democracias modernas. Este episodio examina cómo el cartismo surgió de décadas de desigualdad, qué pretendía lograr y por qué su fracaso finalmente allanó el camino para futuras reformas.
Las raíces del descontento: un sistema manipulado contra los pobres
Durante siglos, la política británica funcionó bajo un sistema diseñado para excluir a la gente común y corriente. Antes del siglo XIX, los derechos de voto estaban vinculados a la propiedad de la tierra y a las costumbres medievales más que a los principios democráticos. La élite rica tenía casi todo el poder, mientras que las ciudades industrializadas carecían de representación. La Gran Ley de Reforma de 1832 intentó abordar estos desequilibrios, pero fracasó y dejó a la mayoría de los trabajadores privados de sus derechos.
Esta decepción, junto con las dificultades económicas durante los “cuarenta hambrientos” (incluido el desempleo y la dura Ley de Enmienda de la Ley de Pobres), alimentó el descontento generalizado. Los movimientos obreros anteriores, como los luditas, habían sido localizados, pero a finales de la década de 1830 comenzó a surgir una demanda unificada de cambio político.
La Carta del Pueblo: Seis exigencias para un sistema justo
En 1838, esta demanda se formalizó en la Carta del Pueblo, un plan de seis puntos para la reforma parlamentaria. Redactada por William Lovett y pensadores radicales, la Carta tenía como objetivo abordar las barreras estructurales que impedían la participación de la clase trabajadora en la política. Las seis demandas fueron:
- Sufragio Universal Masculino: Todo hombre adulto debería tener derecho a votar.
- Voto secreto: Protege a los votantes de la intimidación y el soborno.
- Abolición de los requisitos de propiedad para los parlamentarios: Permitir que cualquiera pueda presentarse al Parlamento, independientemente de su riqueza.
- Pago a los parlamentarios: Permitir que los ciudadanos de clase trabajadora sirvan en el Parlamento sin carga financiera.
- Distritos electorales iguales: Asegúrese de que cada voto tenga el mismo peso.
- Elecciones Parlamentarias Anuales: Aumentar la rendición de cuentas y reducir la corrupción.
Estas demandas, aunque consideradas radicales en ese momento, se referían fundamentalmente a la equidad y la representación, principios ahora aceptados en la mayoría de las democracias.
El ascenso y la caída de un movimiento
El movimiento cartista ganó impulso a través de reuniones masivas, peticiones y periódicos como el Northern Star, que llegó a una gran audiencia. Se presentaron al Parlamento tres peticiones importantes en 1839, 1842 y 1848, cada una de las cuales fue rechazada a pesar de contener millones de firmas.
El movimiento también estuvo plagado de divisiones internas entre los cartistas de “fuerza moral” (que abogaban por una reforma pacífica) y los cartistas de “fuerza física” (que estaban dispuestos a utilizar la violencia). El episodio más violento fue el levantamiento de Newport en Gales en 1839, donde los manifestantes se enfrentaron con soldados, lo que provocó muertes y duros castigos.
En 1848, el movimiento había perdido fuerza. La mejora de las condiciones económicas, las luchas internas entre los dirigentes y el surgimiento de los sindicatos como enfoque alternativo para los trabajadores contribuyeron a su declive. Se descubrió que la petición final de 1848 contenía firmas fraudulentas, incluidas las de la propia reina Victoria, lo que marcó un final humillante para el movimiento.
Un legado de cambio
Aunque el cartismo finalmente no logró sus objetivos inmediatos, su impacto en la sociedad británica fue profundo. Durante las décadas siguientes, se implementaron cinco de las seis demandas: se abolieron los requisitos de propiedad para los parlamentarios, se introdujo el voto secreto, se igualaron los distritos electorales, los parlamentarios comenzaron a recibir pagos y finalmente se logró el sufragio universal masculino.
El cartismo normalizó la idea de la participación política de la clase trabajadora e influyó en los movimientos democráticos en todo el mundo. Su legado continúa hoy, ya que sus ideales se han convertido en piedras angulares de los sistemas democráticos modernos.
La historia del movimiento sirve como recordatorio de que incluso los levantamientos fallidos pueden moldear la historia al obligar a las sociedades a enfrentar la desigualdad y allanar el camino para futuras reformas.
