Un británico de 35 años se enfrenta a hasta 12 años de prisión después de destruir diez quioscos de autofacturación en un aeropuerto de Hong Kong el 16 de febrero de 2026. El incidente, que ocurrió poco antes de las 6:00 a. m., involucró al hombre que utilizó un poste de metal para dañar sistemáticamente las máquinas después de sentirse frustrado con el sistema de emisión de billetes del aeropuerto.

El incidente se desarrolla

El hombre, que se encontraba en Hong Kong desde noviembre, supuestamente comenzó empujando físicamente los quioscos hasta que se volcaron. Luego intensificó la destrucción recuperando un poste de metal y golpeando repetidamente el equipo caído. El alboroto causó daños importantes, incluidos cristales rotos y barreras metálicas dobladas.

El personal del aeropuerto intervino y alertó a la policía, que detuvo al hombre en un punto cercano para dejar el autobús.

Charges Filed

El sospechoso ahora enfrenta múltiples cargos:

  • Daños penales: La ley de Hong Kong permite hasta 10 años de prisión por destrucción grave de propiedad.
  • Posesión ilegal de Viagra: Las autoridades también descubrieron que el hombre poseía Viagra no declarado, un veneno de la Parte I según las regulaciones locales. Este delito conlleva una pena máxima de multa de 100.000 dólares de Hong Kong y dos años de prisión.

Tendencia creciente de la violencia en los aeropuertos

El incidente se suma a un patrón cada vez mayor de pasajeros arremetiendo contra las instalaciones de facturación de las aerolíneas. Casos similares incluyen un incidente en la Ciudad de México donde una mujer destrozó las computadoras de una aerolínea y un pasajero de JetBlue destruyó una terminal JFK después de que se le negó un vuelo a Haití. Esto sugiere una creciente frustración con los viajes en avión, combinada con arrebatos impulsivos.

El aeropuerto de Hong Kong reemplazó los quioscos dañados, pero el caso resalta el potencial de reacciones extremas en entornos de viaje de alto estrés.

La combinación del sospechoso de destrucción violenta de propiedad y posesión de drogas ilegales resultó en una situación legal grave. El caso ilustra las consecuencias tanto del desorden público como de la violación de las leyes farmacéuticas locales.